- ¡Hola Alejandro!
- ¡Hola Joaquín! ¿Cómo estás?
- Bien, muy bien, ¿y tú?
- Pues la verdad es que no me puedo quejar, todo me va de maravilla.
- Se nota, se nota... - Le toca la barriga.
- ¿Qué quieres decir?
- Nada, que veo que asoma la barriguita, jejeje - con sonrisa socarrona.
- Eso es la capa de ozono de mi estómago, imbécil. Y me llamo Pedro.
- Y yo me llamo Abelardo. Y no te conozco de nada, te saludé por compromiso.
- ¡Púdrete!
- ¡Vete al infierno, patán!
Moraleja: nunca saludes a un extraño que no conozcas; y si lo haces, no le llames por un nombre equivocado; y si no puedes evitarlo, no le mientes la barriga.
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