miércoles, 15 de julio de 2009

Todos tenemos nuestro corazoncito

Marty era un tipo completamente normal. Exceptuando, claro está, su profesión. Marty era mafioso. Y además era una persona influyente en su "familia".

El día en que comienza esta historia era un día estándar en la vida de Marty. Sonó el despertador, lo paró de un golpe, cayó al suelo y se rompió en cientos de pedazos. Después se incorporó, se rascó las axilas, que habitualmente le picaban al despertar, y bostezó. Inmediatamente, se levantó y se dirigió al armario en busca de la ropa que habría de identificarle durante toda esa jornada. Eligió, por ejemplo, un viejo traje de color azul marino que llevaba mucho tiempo sin ponerse y que olía a rancio. O quizá un traje marrón al que siempre le tuvo mucho cariño y del que le costaba mucho despegarse, a pesar de estar hecho trizas. Puede que incluso escogiera su nuevo traje negro hecho a medida; tan bien diseñado como caro. Pero este detalle no es importante. Seguidamente, como no podía ser de otra manera, se calzó los zapatos apropiados y su reloj de pulsera dorado. Bajó a la cocina e ingirió el copioso desayuno que su esposa le había dejado preparado antes de irse de compras con una amiga. Tras una breve etapa de aseo personal, ya estaba listo para salir a la calle, a eso que llaman trabajar.

Primero fue a visitar al tipo de la tienda de antigüedades, por haber timado a uno de sus hombres con un reloj de cuco que cantaba mal las horas. No hubo mayores problemas, ya que esa gente suele recapacitar en cuanto ven a 3 tíos con el pelo engominado y peinado hacia atrás entrando en su tienda. Consiguió un nuevo reloj que funcionaba a la perfección y como recordatorio cogió un despertador para sustituir al que había roto esa mañana (como tantas otras veces había ocurrido antes). La segunda tarea que tenía que realizar era más sencilla; había un pandillero adolescente en el barrio que no parecía darse cuenta de que estaba jugando con fuego, y tras varios avisos sin mayores consecuencias, la paciencia de la familia no dio más de sí. Lo encontraron con unos amigos fumando maría en un callejón. Al instante, estos desaparecieron, dejándolo solo frente a sus verdugos. Marty dio órdenes a Bonaccio y Tonino de vigilar la entrada al callejón y se dirigió hacia el chaval, que hacía rato que estaba suplicando por su vida entre lágrimas y sollozos. En una película, probablemente Marty habría soltado un pequeño discurso o una frase que tuviese la fuerza suficiente para pasar a la posteridad y ser recordada eternamente. Puede que incluso hubiera aterrorizado al que en ese momento se había convertido ya en un niño, con la intención de darle un último y severo aviso. El primer disparo le atravesó la cabeza por el ojo izquierdo. El segundo hizo volar sesos y trozos de cráneo en un radio de un metro y medio. Tonino y Bonaccio no tardaron en acudir al lugar para ayudar a Marty a deshacerse del cadáver. Entre los tres lograron introducirlo en un contenedor, no sin manchar sus trajes de sangre al enganchársele el brazo al líder del grupo tras soltar el cuerpo.

Por último, debían acudir a Luigi's a almorzar con los miembros de otra familia para cerrar un trato de colaboración. Tenían pensado abrir una carnicería en el límite entre las zonas controladas por las dos familias y pretendían que fuese un arsenal para almacenar todo tipo de armas. Finalmente llegaron a un acuerdo. Marty y sus chicos utilizarían la carnicería para sus propósitos como almacén armamentístico, a cambio de que los Mantovani pudieran usarla como escondite para vender droga, que no para guardarla.

En definitiva, ese era un día normal en la vida de Marty Bresciano, como lo habían sido tantos otros en el pasado y como lo serían algunos más (no llegaría a los 37 años, que debía cumplir en menos de 8 meses; pero esa es otra historia mucho menos interesante). El caso es que, la mañana siguiente del día anteriormente descrito, Marty se despertó, se vistió y desayunó envuelto en una extraña sensación de intranquilidad. Acudió a revisar un par de negocios, pasó por el ayuntamiento a por los papeles y permisos necesarios para abrir una carnicería y almorzó con el cabeza de familia, que quiso mantener una agradable conversación con él. Y así fue. Pero al llegar a casa, la sensación que había experimentado al levantarse de la cama seguía ahí. Por más que lo intentó, no consiguió averiguar a qué se debía, así que al caer la noche cumplió como el marido ejemplar que era, dando incluso conversación a su mujer mientras la abrazaba tras el acto, para posteriormente permanecer despierto largo rato.

Y este fue el esquema básico de las semanas posteriores, con escasas variaciones que no vienen al caso por lo truculento de su descripción, hasta que un día al azar, sin que el sentimiento interior de tener un asunto pendiente, o de culpabilidad, o de la muerte de un pariente, fuese ni más ni menos intenso que el resto de los días, se dio cuenta: no llevaba el reloj. Dado su puesto en la organización, rara vez necesitaba saber en qué hora se encontraba ya que eran los demás quienes le esperaban a él y ay de ellos si se impacientaban por su llegada. Decidió pasar por la tienda de antigüedades de vuelta a casa a echar una ojeada al mostrador de los relojes de pulsera, donde encontró uno muy similar al que había perdido hacía semanas. Según sus deducciones, con toda probabilidad ocurrió al engancharse en su brazo el cadáver del pandillero que arrojaron al contenedor.

Esa noche volvió a ser el que era y durmió como un bebé (mafioso). Cuando despertó, no le embargó ninguna sensación extraña. Se comportó como si de otro día normal se tratase y salió de su casa con una tremenda sonrisa, dirigiéndose al hogar de uno de los amigos del pandillero adolescente, ahora muerto, con el fin de aclarar unos robos en su nueva carnicería.

2 comentarios:

  1. Me encanta la empatía. Tras leer la historia no puedo menos que pensar que el chaval se lo merecía.

    ResponderEliminar
  2. ACTUALIZACIÓN....ACTUALIZACIÓN!!!!
    ei! que ya ha pasado bastante desde esta entrada asin que....vaaaaa otra entraaaaadaaaaa!!!!!
    besiños...

    ResponderEliminar