Érase una vez, en un futuro no muy cercano, un hombre muy similar al que hoy se conoce como Afilador. Procedente de su vehículo, podía oírse una irritante melodía creada con un instrumento secreto que, en todos esos años, aun no había sido ni desvelado ni descubierto.
Analizando concienzudamente las similitudes entre el Afilador de antaño, y este nuevo afilador, autodenominado como Afilador de Gargantas, es muy probable que se detectasen pocas e insignificantes diferencias. Se podría destacar que el nuevo afilador lleva un delantal impermeable cuyo uso se hizo muy necesario ya en los primeros días de su alta laboral, por razones evidentes. De hecho, esa vendría a ser la única característica que lo distinguiría del bien amado Afilador de los tiempos pasados.
La historia de este ser, de este señor, cuyo oficio data ya de muchos siglos atrás, algún milenio quizás, ha de contarse necesariamente junto a la de las Personas Durmientes. Dado que estábamos hablando de un futuro lejano, puede que sea necesario describir brevemente a estar personas; se trata de humanos, hombres y mujeres, que un día tomaron una decisión en su vida, de la misma forma que en Japón lo han hecho siempre los hikikomori, salvo que en este caso dicha decisión consistía y consiste en dormir siempre hasta más allá de las 12 del mediodía. Cualquiera podría imaginar las ventajas de este modus vivendi, por desgracia ensombrecidas completamente por sus desventajas. El caso es que, en un mundo donde convivían las Personas Durmientes con los Afiladores, estaba meridianamente claro que tarde o temprano tenía que ocurrir algo. Y lo que pasó fue que un joven Durmiente, que apuraba sus últimos minutos de sueño, se vio sorprendido por la cantinela de un Afilador que en aquel momento optó por buscarse las habichuelas en su calle, despertando sin remedio al joven a falta de 195 segundos para las 12 del mediodía. Horrorizado, el Durmiente desvelado no cupo en sí de furia y bajó a hacer pagar su error al afilador, sin importarle en absoluto la presencia de varias vecinas. La pelea se saldó con la muerte del señor que, inocentemente, entró en aquella calle con la intención de mejorar los útiles de cocina de los vecinos de aquel barrio. Al día siguiente del trágico asesinato, el Gremio de Afiladores se reunió y debatió la situación, para finalmente llegar a la conclusión de que se hacía necesaria una modernización del oficio. Añadirían a su pobre uniforme un delantal impermeable y un cuchillo de carnicero de 30 centímetros de largo y un kilo y medio de peso, perfectamente afilado para separar una garganta en dos partes gemelas. Así nacieron los que hoy, en el futuro, conocemos con el nombre antes mencionado de “Afiladores de Gargantas”. Resultaría obvio detallar a qué se dedican o cuáles son sus horarios laborales, que finalizan a las 12 del mediodía, por lo que es preferible que hagan sus propias deducciones sin temor a equivocarse.
En definitiva, no hay mucho más que contar acerca de ningún personaje de esta historia, ya que es una simple explicación de lo que en un futuro lejano podría ocurrir en nuestra podrida sociedad, aunque tampoco estoy seguro del todo...
quan cierta es esta historia y como de reflejada en esas Personas Durmientes!!!!
ResponderEliminaryo digo y pregunto....aun hay alguien que afile sus cuchillos??? xq me parece que es una tapadera o similar con el fin de jorobarnos a todos en fin de semana!!!!!
GRACIAS POR ACTUALIZAR!