Dada la alta concentración de pollo en las pastillas Avecrema, sólo era cuestión de tiempo que algún día se le ocurriera a alguien; Entelequio fue el primero, pero después vinieron muchos más. Para entonces, él ya se había hecho de oro y se ocupaba de otros menesteres, a su parecer, mucho más importantes. Siempre se ha pensado que ese tipo de ideas surgen en gigantescos despachos rectangulares presididos por una enorme mesa alargada de reuniones. Todos hemos pensado alguna vez que hay cientos de genios de la invención recluidos en sus laboratorios, haciendo pruebas y escribiendo en sus pizarras blancas. Y, por supuesto, ¿quién no ha oído hablar alguna vez del famoso "Eureka" que salió de la boca de Arquímedes?
Entelequio era un conocido pastor de la provincia de Albacete. Su nombre les sonaba a los habitantes de nada menos que 4 pueblos alrededor del suyo propio aunque, en honor a la verdad, no todos sabían exactamente a qué se dedicaba. Entelequio era pastor de ovejas, para más señas. Ni siquiera se podía decir que fuese bueno en su profesión. Jamás recibió un elogio de esos que suenan como saliendo del corazón de quien lo dice. Pero sí era un hombre muy curioso y parlanchín. Muchas veces hablaba con el señor Malaquías, que era de los pocos que tenían estudios en la zona, y mantenían acalorados debates que siempre terminaba zanjando este último con un "pero si no sabes de qué estás hablando, hijo mío". Así pues, Entelequio no era una eminencia, pero algo aprendía de cada persona con la que hablaba y se diría que podía conversar sobre una interesante cantidad de temas.
Un día, el de la compra semanal concretamente, no se le ocurrió otra cosa que comprar pastillas para hacerse un buen caldo, ya que el invierno estaba entrando con fuerza a través de las paredes de su hogar carente de calefacción u otras moderneces similares. Al llegar a casa abrió la caja de Avecrema, rompió el plástico protector del interior y sacó dos pastillas pegadas por los extremos. Al intentar separarlas, se sorprendió de lo unidas que estaban y tuvo que emplear todas sus fuerzas en tan humilde tarea. Finalmente, consiguió romper la barra en sus dos partes, con la mala suerte de que una de ellas voló cual milano en busca de su próxima presa, para acabar aterrizando debajo del mueble de las cacerolas y demás artilugios de cocina. Con el hambre como testigo, decidió preparar el caldo primero y recoger más tarde la maltrecha pastilla de debajo del mueble.
Si algo tiene Entelequio, es que su memoria inmediata le juega malas pasadas muy de vez en cuando. Y aquella vez no fue una excepción. Mirando el reflejo del plato sopero una vez exprimido todo su jugo a un tremendo cocido montañés, se acordó. Habían pasado dos días. Cabía suponer que alguna de las abundantes clases de insectos existentes habría dado buena cuenta de la famosa pastilla oculta. Sin embargo, al agacharse escoba en mano pudo apreciar que no había sido así. Todo lo contrario. Hasta el más mínimo intento de construir una telaraña parecía haber desaparecido de esa parte de la casa. Bajo el mueble de la cocina no pudo encontrar ni tan siquiera una simple pelusa. Sólo la pastilla. Ligeramente más grande que cuando se le escapó de las manos dos días atrás. Para un eminente científico, la situación hubiera requerido meses de estudios y comprobaciones, de extraños experimentos y ratas enjauladas. Entelequio ató cabos al instante: la pastilla había devorado sin piedad cualquier insecto que osara acercarse a la zona. O quizá sí tuvo piedad, aunque igualmente se los comió. El caso es que el pastor guardó la pastilla (que, todo sea dicho, estaba perfectamente limpia) en un bote y se fue a dar un paseo. Tras mucho reflexionar mirando al ganado pastar, se le ocurrió una idea. ¿Y si la pastilla, al haber "pastado" por su casa, había adquirido un sabor más potente y genuino, al igual que ocurre con las vacas, los cerdos o las propias ovejas?
No sin ciertas dudas, esa misma noche cocinó cuidadosamente un buen caldo haciendo uso de la pastilla Avecrema. Si aquella sopa hubiese sabido a rayos, nadie se molestaría en contar la historia de Entelequio, por lo que huelga decir lo placentera que fue la cena ese día. Tanto es así que al día siguiente se decidió a presentar en sociedad su descubrimiento. Bien temprano esa mañana, decidió no salir a pastorear y colocar una pastilla debajo de su cama, hogar de pelusas de decenas de razas diferentes. Más tarde fue a la plaza del pueblo a buscar a Gerania, que a buen seguro estaría haciendo la compra o bien en la charcutería o bien en el "supermercado". La encontró en este último, en el pasillo de los frutos secos. Tras unos segundos para prepararse las frases adecuadas y escribirse un guión mental con todas las posibles situaciones que pudieran darse, le preguntó a Gerania si querría cenar en su casa el sábado siguiente. Ella se sonrojó instantáneamente ya que no solía recibir invitaciones a menudo y mucho menos del hombre sobre el que ella había puesto sus ojos, pero no podía rechazar una oportunidad así. Cuando aceptó, fue el pastor quien se ruborizó, dándose cuenta entonces de lo lejos que había llegado en un momento.
Llegado el día de la cena, Entelequio preparó su mejor plato y lo aderezó con la pastilla criada bajo su cama, que había adquirido un tamaño nada desdeñable en poco tiempo. Llegó Gerania y en seguida empezaron a comer sobre una mesa decorada con las clásicas velas y un ramo de amapolas casi recién cogido. Conforme disminuía la cantidad de comida de sus platos, su conversación se hacía más animada; reían y reían, lloraban y lloraban de la risa y sobre todo disfrutaban con cada bocado que le arrancaban al plato para llevárselo a sus bocas. Más tarde, tras la cena, salieron a dar un paseo a la luz de la luna, que en contra de lo que se pueda pensar por culpa de los tópicos, no estaba llena sino creciente todavía. Hablaron de las pastillas, Entelequio compartió con ella todo lo que había descubierto, que no era mucho pero sí importante y entre los dos decidieron que debían comercializar la idea. Fue a Gerania a quien se le ocurrió porque siempre había querido salir del pueblo e ir a la ciudad y vio la oportunidad antes sus ojos.
Comenzaron poniendo un tenderete en el mercado de los jueves que rápidamente creció y se hizo conocido en toda la provincia. En cuanto tuvieron fama y dinero suficientes para dar un salto cualitativo, se mudaron a Albacete y alquilaron un local. Convirtieron la antigua casa de Entelequio en un rancho-granja, contrataron a una cincuentena de trabajadores, compraron los terrenos de los alrededores y empezaron a criar pastillas de Avecrema en el enorme recinto. Al elaborarlas en granjas y empezar a alimentarlas a base de piensos hechos con restos de mosquitos y moscas la calidad bajó, pero la fama que había adquirido la empresa era tal que los consumidores del producto no se daban cuenta y seguían ensalzándolo. En poco tiempo, se convirtieron en una multinacional, creando sucursales en los países más importantes de Europa y América del Norte y distribuyendo allí las pastillas.
Cuando Avecrema consideró suficientemente peligrosa la competencia que estaba recibiendo, realizó una oferta multimillonaria a Entelequio, que ya no recordaba cuántos ceros tenía un millón, pero estaba seguro de que en aquel papel habían escrito muchos más. Evidentemente, vendió al instante su empresa y vivió el resto de su vida ostentosamente, como habría hecho cualquiera que tuviese una fortuna semejante.
Cabe decir que, al principio por una cuestión de cantidad de trabajo y más tarde simplemente por una cuestión de posibilidades, Entelequió no llegó a casarse con Gerania ni vivieron felices el resto de sus vidas. Se separaron poco después de hacerse ricos en Albacete y se repartieron el dinero en ese momento. Más adelante, él terminó casado con Isabela, la dueña de una gran multinacional de alimentos enlatados y ella se mudó a Madrid donde probó en el mundo del cine, con cierto éxito dentro del país.
que suerte he tenido...entro hoy y ENTRADA NUEVAAAA!!!!
ResponderEliminary me la he leido toita! más que nada xqee en verdad es interesante.
por cierto...muy bonitos los nombres de los personatges! :D
besos
Jo, despues de tanto tiempo y sigues siendo fiel. Me he emocionado y todo al ver tu comentario...
ResponderEliminarUn beso ;)
ResponderEliminarYo tambien la he leido enterita. Deberias de actualizar mas a menudo!! te quiero
ResponderEliminarBonita historia, siempre nos quedará la esperanza a los paletos de tener una idea o una casualidad que nos haga millonarios.
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